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El aglomerado del Gran Tucumán y Tafí Viejo exhibe una profunda crisis de precarización laboral impulsada por la explosión del cuentapropismo no registrado, una modalidad de trabajo independiente sin aportes que alcanza al 87,6% de los ocupados de esta categoría en suelo tucumano y que empuja la informalidad general de la provincia al 56,2%. Dentro del contexto nacional, esta dinámica responde a un proceso estructural de reconversión productiva caracterizado por la pérdida de puestos asalariados de calidad y el consecuente refugio de la población en la economía informal independiente, fenómeno que acarrea como derivación directa el aumento de los índices de pobreza urbana y la profundización de las brechas de género. Lejos de constituir un evento coyuntural o una contingencia reciente, la precarización del trabajo tucumano representa una tendencia persistente de deterioro continuo que se consolidó a fines de 2016, posicionando al principal centro urbano del Noroeste Argentino como el segundo aglomerado más informal del país.
Todos estos indicadores y diagnósticos territoriales forman parte de la investigación titulada "Formalidad laboral argentina - Una historia alternativa creíble", elaborada por los economistas Germán Tessmer y Bárbara Boggiano, integrantes del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), trabajo al que tuvo acceso Tendencia de Noticias. La investigación aplicó una metodología estadística de regresión logística sobre los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, reconstruyendo de forma continua las trayectorias del mercado de trabajo para corregir las sobreestimaciones tradicionales y analizar el impacto real del cuentapropismo en los 32 aglomerados urbanos del territorio nacional.

Al desglosar la realidad específica del Gran Tucumán y Tafí Viejo, el informe ubica al aglomerado en el puesto 31 sobre 32 centros urbanos evaluados, con una tasa de formalidad de apenas el 43,8% y una informalidad del 56,2%, cifra que se sitúa 11,9 puntos porcentuales por debajo del promedio nacional. La vulnerabilidad adquiere una dimensión extrema en la categoría del trabajo por cuenta propia o independiente, donde la informalidad trepa al 87,6% (registrando una formalidad de tan solo el 12,4%), mientras que entre los asalariados o empleados en relación de dependencia el empleo no registrado afecta al 44,8%.

Esta distorsión resulta determinante en la estructura social de la provincia, dado que el cuentapropismo engloba al 26,0% de la población ocupada tucumana. Paralelamente, el estudio evidencia una marcada brecha de género, mostrando que la formalidad alcanza al 49,2% entre los varones (50,8% de informalidad), mientras que entre las mujeres se desploma al 37,1%, elevando la informalidad femenina al 62,9%. En términos de bienestar económico, el entrecruzamiento de datos correspondientes al cuarto trimestre de 2025 confirma que el 26,0% de los trabajadores informales tucumanos vive en hogares situados por debajo de la línea de pobreza, en contraste con el 6,9% de los formales, demostrando que la falta de aportes multiplica por casi 3,8 veces el riesgo de privación material. Asimismo, la denominación de "zona gris" —aquellos ocupados con discordancias entre sus aportes y la normativa— alcanza un 17,2% en Tucumán, superando la media nacional del 13,2%. Al examinar las ramas de actividad con mayor presencia en el aglomerado, el comercio lidera la informalidad con un 70,4% y la industria manufacturera con un 58,4%, en tanto la enseñanza se ubica en un 18,7% y la administración pública en un 9,8%.

En el mapa comparativo del Noroeste Argentino (NOA), el Gran Tucumán y Tafí Viejo se ubica como el aglomerado más crítico de la región y el segundo más informal del país, únicamente superado por el Gran San Juan, que encabeza la precarización nacional con un 60,9% de informalidad. En el resto del NOA, el estudio sitúa a Jujuy - Palpalá en el puesto 30 con el 55,1% de informalidad, a Santiago del Estero y La Banda con el 55,1%, a Salta en el puesto 22 con un 51,0%, a Gran Catamarca en el puesto 18 con un 45,1% y a La Rioja en el puesto 17 con un 43,9%. En el extremo opuesto, los mayores niveles de empleo registrado se concentran en la Patagonia, encabezados por Ushuaia - Río Grande con un 82,0% de formalidad (24,4% de informalidad) y Neuquén - Plottier con un 73,6%. Frente a estas asimetrías geográficas, los autores de la investigación subrayan en el documento que "la informalidad no se distribuye pareja sobre el territorio, y el aglomerado en el que se vive dice tanto de la probabilidad de tener un empleo formal como la educación o la edad".

A escala nacional, las proyecciones del Observatorio de la UNR indican que la tasa general de informalidad sobre el total de ocupados subió del 41,4% al 45,0% (alcanzando el 45,5% en la serie de tendencia), confirmando una "tendencia creciente del problema desde, al menos, fines de 2016, que se interrumpió en 2020 por la fuerte pérdida de puestos no registrados como efecto de la cuarentena". Los economistas señalan que la causa central de este deterioro es la recomposición del mercado laboral hacia modalidades precarias, advirtiendo que "la estructura del empleo se recompuso hacia las categorías más informales: el cuentapropismo, que además se feminiza, gana peso a costa del empleo asalariado". En términos cuantitativos, la participación del cuentapropismo en el empleo total del país creció del 22,6% al 25,5%, mientras que los asalariados cayeron del 73,7% al 70,5%.

El reporte concluye reafirmando que el trabajo independiente constituye la verdadera matriz de la precariedad en la Argentina, al remarcar que "la informalidad argentina es el cuentapropismo, con una tasa que duplica o casi duplica la de los asalariados en todo momento y lugar", registrando un 65,3% de informalidad nacional frente al 37,9% de los asalariados (categoría que subió desde el 33,6% en 2016).

En la clasificación por sectores de actividad a nivel consolidado, el servicio doméstico (80,6%) y la construcción (80,6%) encabezan el trabajo informal del país, seguidos por la gastronomía, servicios personales y comercio (59,5%), e industria manufacturera (41,9%). Finalmente, el informe ratifica que "un ocupado informal tiene entre dos y cuatro veces más probabilidad de vivir en un hogar pobre que uno formal, en el país y en cada territorio donde pudo medirse", impactando con especial severidad en los jóvenes de 19 a 25 años, cuya tasa de formalidad retrocedió del 43,5% al 34,8% en el período estudiado.
